lunes, 14 de abril de 2008

El hallazgo del cuerpo sin vida de Manuel Marín conmociona la vida, ya tristemente agitada, de unos 2.300 vecinos de este pueblo de la Axarquía

EXTREMERA.
CANILLAS DE ACEITUNO
"Hemos organizado todo esto porque la familia ha ido a la provincia de Granada y un curandero les ha dicho que el niño está en las sierras, en un barranco, y que íbamos a encontrarlo en pocos días". El testimonio directo de una de las allegadas de la familia de Manuel Marín, el adolescente de 15 años desaparecido el pasado 31 de marzo en Canillas de Aceituno y hallado ayer sin vida en las proximidades del pueblo, ilustra lo vivido en esta zona montañosa de la Alta Axarquía."Nos ha tenido engañados, desde el primer día. Subió a lo alto del Peñón Grande de Sierra Tejeda, que está a menos de una hora de su casa y que se ve desde casi todo el pueblo".

La Guardia Civil confirmó que los restos del joven se localizaron en una zona bastante complicada en cuanto a su acceso. "Esto es un palo muy grande para todos. La madre acababa de salir de una enfermedad complicada y ahora le dicen que su hijo está muerto", apuntaba María José López, que participó en una de las agrupaciones organizadas desde las nueve de la mañana para peinar todos los alrededores de Canillas de Aceituno.Los más viejos del lugar no recuerdan nada igual en medio siglo. "Ahí suben los escaladores pero nunca pasa ninguna desgracia, por suerte. Recuerdo que una noche hace como sesenta años un cabrero que se apodaba ´Pan Seco´ se perdió mientras llovía.

Todo el pueblo de noche y sin que escampara se echó al monte y lo encontramos. Le había caído una piedra en el pecho y pudo salvarse", agrega Francisco Negrete.Menos suerte tuvieron pocos años más tarde un padre y su hijo, que se precipitaron mientras buscaban esparto por un desfiladero de unos cincuenta metros de altura, explica otro vecino de avanzada edad. "Parece que está claro que se ha suicidado Manuel, pero ahora los jueces tendrán que hacerle la autopsia. Es lo peor que podía pasar", sostiene José Marín. Ayer en Canillas de Aceituno los rostros apesadumbrados contrastaban con el blanco encalado de las fachadas.

Las próximas fiestas en honor a la Virgen de la Cabeza serán las más tristes en décadas.

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