martes, 11 de diciembre de 2007


El Santuario de la Cabeza, sagrario de esencias y bellezas de impar envergadura


Alfredo Ybarra

Hay lugares que no podemos decir con rigor académico que sean el súmum de tal o cual corriente artística o arquitectónica, que no tienen en sí la excelencia de una antigüedad inalterada en los siglos, armónica, pauta de un vademécum esencial. Sin embargo en su enmarcación, en su fisonomía, historia, contenido, uso; en su simbolismo, en su literatura,…, en su leyenda, tienen un algo que los eleva a supremos hitos, a maravillas admiradas y queridas, situándose en un olimpo de mítica arquitectura física y emocional que alienta todas las estancias del ser.
El Santuario de la Virgen de la Cabeza, levantado sobre un cerro que sobresale de todo su contorno, en plena Sierra Morena, dando sombra al impar valle del Jándula, en el corazón de uno de los espacios verdes más ricos y de más contrastes de la península ibérica, el parque natural Sierra de Andujar, es un faro pétreo que se ha ganado a lo largo de sus casi ocho siglo de existencia y mil vicisitudes arquitectónicas el reconocimiento como sagrario de esencias y bellezas para un enorme universo humano, que desborda en su procedencia todas las geografías imaginables. Sí, puede denominarse, de un modo real u oficial, o de manera apócrifa, Maravilla a este lugar señero.
A lo sagrado los psicoanalistas lo llaman momento oceánico; los japoneses lo llaman “satori”. Se trata de una conmoción, del eterno instante trascendente,…la turbación y embeleso del misterio esencial de ir más allá y desbordar horizontes. Quien llega al Santuario de la Virgen de la Cabeza, simplemente con la predisposición a un encuentro significativo, ya en el curvado camino, entre las solanas y las umbrías, entre los bosques de encinas y los madroñales, entre los sorprendentes paisajes que hicieron decir a Machado que “qué bien los nombres ponía , /quien puso Sierra Morena/ a esta Serranía” siente una previa catarsis, una cierta purificación, que al ascender por las seculares calzadas y adentrarse en las naves y dependencias del Santuario, y llegar hasta a ese pebetero de luminarias que es el camarín de la Virgen de la Cabeza, se convierte en un trotar emotivo y rotundamente esencial. Sí, y cada cual tendrá su sentido de lo espiritual, pero encontrará en la cumbre del Cabezo, el momento oceánico, “el satori”, una cascada de purificación, un arrebato, el ánimo y los sentidos cautivados. Y cada piedra, cada rincón de este lugar de peregrinación y romería caerán sobre los hondones del alma como una avalancha de emociones.
La luz, la física y solar y la otra, la del misterio y la poesía, la de la mística y los milagros, esa luz que brujulea los supremos valores y encuentros, la de los instantes eternos, la luz del clímax del alma; esas luces, se funden, se cuelan aquí por entre la bóveda y las columnas sosteniendo horas antiguas, siglos de una historia maravillosa de renaceres sagrados, de encuentro sin límites ni fronteras alzando un símbolo, la Virgen de la Cabeza, por encima de egoismos y abatares, por encima de arrogancias, y humanas mercaderías. Esa gran luz, que se funde con la de un paisaje esplendente que a la vez se hace uno con el cielo y su sueño de gracia, dibuja un lienzo minucioso que atraviesa y hiere, lo invade todo con su música de susurros, con su inmenso océano; te nombra. La esperanza está al completo y suenan en la espadaña del Cerro las campanas del milagro.

El lugar tuvo una torre militar de defensa

Sin lugar a dudas el Santuario de la Virgen de la Cabeza es uno de los mayores epicentros de devoción mariana de España y en forma de romería, uno de los más importantes del mundo, que se data en el siglo XIII.
Por múltiples circunstancias han desaparecido muchos documentos que podrían darnos luz sobre el origen de la devoción en el cerro del Cabezo. Existe noticia de un texto medieval que relata la aparición de la Virgen de la Cabeza en Sierra Morena, texto que está incluido en un manuscrito del año 1430.

No parece inminente la construcción de lo que se puede llamar un templo tras la aparición de la imagen de la Virgen. En 1890 Santiago Mesía sitúa la construcción del santuario en 1287 y su terminación en 1304, aunque otros historiadores señalan en relación a los datos del cardenal Ranuncio que no pudo ser construido con posterioridad al reinado de Alfonso X (1252-1284). Podemos concretar que a mediados del siglo XIV el Santuario era una pequeña ermita gótico-mudejar de una sola nave. Templo que según algunos grabados y lienzos del XVII y XVIII y un retablo del siglo XVI que seguro copiaron de ilustraciones anteriores aparece en un principio pegado a una torre de tipo defensivo. También hay que decir, que parece que auspiciadotes importantes de este lugar fueron los caballeros de Calatrava. Lugar que poco tiene que ver con el templo que nos muestra el renacimiento, con su gran espadaña frontal que se repite en toda la iconografía restante.
Debe de ser sobre 1575 cuando se coloca en el templo la gran reja central, que rubrica la capilla mayor, obra maestra de la rejería jienense realizada por Juan Rodríguez de Salamanca y Bartolomé Gómez, sobrinos del afamado maestro Bartolomé.

Se sabe que el primitivo retablo del santuario es de 1609, obra de Sebastián de Solís (manierismo con escenas marianas), en cuya capilla mayor se encontraba la imagen de la Virgen en un tabernáculo cerrado con reja labrada ricamente con balaustres. La fachada va a seguir las instrucciones que diera Vandelvira. Se comienza a ultimar en 1612 con la espadaña.

Las obras en la definición significativa del edificio culminan en 1707 y después se amplía y mejora la lonja y antepuerta de la puerta principal en el año de 1724. Antes se mejorará el lado sur, conformando en él, una hospedería, comedor y, en su parte baja, caballerizas El interior es un templo de una sola nave cubierta con bóveda de cañón articulada con arcos fajones y con capillas arcosinas en los muros laterales.

La Guerra Civil afectó de manera especial al Santuario y su entorno. El resultado fue la destrucción del edificio, del que sólo quedó el lado sur. El Santuario quedó reconstruido en 1941.
El retablo del altar mayor, como una nueva imagen titular de la Virgen de la Cabeza, desaparecida en los momentos finales del asedio al Santuario o en el revuelo de la toma y movimiento humano inmediatamente posterior, fue encomendada al escultor aloreño, afincado en Granada, José Navas Parejo.
Son muchas las obras artísticas que van ocupando el renacido templo, algunas de gran valor, un simple ejemplo es el Cristo de la Agonía o el Corazón de Jesús, ambos de Mariano Bennlliure.
Un magnífico órgano, pinturas y esculturas de gran interés artístico, como el monumento a Cervantes (en su “Persiles y Segismunda” pondera la grandeza de la Romería y la belleza del lugar) de Jacinto Higueras, o el dedicado al pastor de Colomera, de González Orea; la gran reja artística de las Calzadas ideada por el escultor Manuel López Pérez, el Rosario Monumental de las Calzadas; el gran hito pétreo de la Virgen de de la Paz de Antonio González Orea o el Museo Mariano, son logros de enjundia artística que salpican la cumbre del Cabezo. Además ahora se concluye la reconstrucción del viejo parador, anexo al templo, que va a ser una magnífica hospedería.
Actualmente se prepara el proyecto para convertir el templo en Basílica y donde se ha planteado una reforma total del presbiterio con inclusión de nuevas obras artísticas.

Aparición

Según la tradición oral en la noche del 11 al 12 de agosto de 1227, el pastor de Colomera, Juan de Rivas cuidaba el ganado ganado cuando comenzó a ver unas extrañas luces en lo alto de un cerro y a escuchar el tañer de una campana. Ante su asombro comenzó entre peñas y matorrales a subir hacia la cima del monte y allí en la concavidad de dos peñas encontró una imagen de Nuestra Señora, que vino a denominarse con el nombre de la Cabeza. Sigue la tradición legendaria contando que para que diera testimonio ante el pueblo de Andújar de tan milagroso acontecimiento y como prueba de esta aparición, el pastor, que era impedido del brazo derecho, quedó curado. Ante el asombroso acontecimiento se trajo la imagen a la Iglesia de Santa María la Mayor, donde quedó guardada y donde se le empezó a rendir culto. Como la intención de la Virgen era que el pueblo le edificara una ermita en el cerro donde apareció, en varias ocasiones desapareció de la Iglesia, siendo encontrada de nuevo en el lugar donde quería tener su casa. Finalmente Andújar comprendió y aceptó los designios de la Virgen y comenzó a construir un templo en el Cerro del Cabezo, dedicado a su culto.

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